Cuando el Ayuntamiento de Barcelona llevaba la iniciativa y tomaba decisiones cruciales -como promover el espacio público, abrir el frente marítimo, llevar la calidad de vida a todos los barrios-, en 1987, tras las acciones de mejora iniciadas en 1983, se aprobó el Plan Especial de Ordenación y Protección de Medio Natural del Parque de Collserola, delimitándolo en 8.500 hectáreas y protegiendo la montaña de futuras épocas de especulación.
Una decisión clarividente, que hoy permite disfrutar de una reserva única de verde, un pulmón a escala metropolitana, una especie de Central Park en forma de bosque y campos, que hoy luce frondoso, gracias a un año de lluvias.En los últimos años, a la espera de que se declare parque natural, las inversiones han menguado. Y si la depredación inmobiliaria está latente, la misma crisis amenaza con un excesivo recorte de presupuestos y con dejar a Collserola en segundo término. No aprovechar esta coyuntura para enriquecer y reforzar lo ya conseguido sería tirar por la borda los logros de estos tiempos. Más allá de las diferentes visiones que pugnan en un lugar tan clave, Collserola pide más inversión y un marco legal mucho más definido, fuerte y coordinado, para defenderlo de su fragilidad, enriquecer sus sistemas naturales y su biodiversidad, seguir mejorándolo y restaurándolo, combatir la invasión de plantas y animales externos y depredadores, y frenar la agresión de cualquier crecimiento interno y externo.
Publicado por: Alberto GorbattIngrese un comentario para este artículo
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