Publicado el 4 de noviembre de 2009 en La Nación Arquitectura.
Entre la responsabilidad social y el espectáculo, los arquitectos Patxi Mangado y Alejandro Zaera Polo se presentaron en el Malba.
Ante un nuevo escenario mundial, el mundo líquido surgido de las posibilidades de desplazamiento espacial y temporal de la globalización se modifica. Recientes cracks económicos se suman a atentados terroristas, reinstalando el concepto de borde. La frontera es protagonista y el límite aparece con todas sus fuerzas.
A la protección de la propiedad privada se añade la nueva conciencia del ahorro que el cambio climático exige. En este contexto, las fachadas o envolventes, hasta ahora sin una teoría propia, se convierten en lugar crucial del pensamiento y en el último resquicio de acción exclusiva del arquitecto.
La reflexión se centra en el rol social de la disciplina y en su capacidad como agente de cambio. Mangado se preocupa por una arquitectura eficiente que incluya una faceta de responsabilidad social, satanizando los objetos arquitectónicos espectaculares y rescatando las virtudes de la vista en corte y el uso sensato de la técnica. Zaera, idealizando el potencial de la envolvente, procura una arquitectura como actor político, capaz de adelantarse a las ideologías y de potenciar la transformación.
Mientras uno recurre a la discreción de técnicas transdisciplinaria y descalifica los gestos caligráficos sin contenido, el otro combate con edificios-pancarta que impulsan la metamorfosis en el asombro de lo singular, sosteniendo la eficacia del impacto.
Mangado, desde su fundación Arquitectura y Sociedad, defiende el ejercicio de una profesión al servicio del diálogo, en pro de lo sustentable y en contra del despilfarro y la banalidad, y lo sostiene con ejemplos como el Museo de Arqueología en Vitoria o el Auditorio de Avila.
Desafiante, Zaera festeja el alejamiento de las cuestiones de la tecnología y la producción, y el renovado interés en el terreno de la crítica política, en tanto obras como la Escuela de Diseño de Greenwich o el proyecto para la estación en Birmingham funcionan como indicios de lo explorado en su investigación académica.
El camino de los pabellones deja asomar las coincidencias en Zaragoza y Aichi. Metáfora, tradición y memoria se ligan para superar la coyuntura, descifrar el espíritu de este tiempo y avanzar sobre la mera representación. Para uno es oportunidad de reprogramar lo específico en un camino hacia lo contemporáneo; para el otro, excusa para salirse de lo homogéneo y provocar la reflexión y el cambio.
En la concepción de la disciplina como eslabón entre política y material radica la posibilidad de proponer más de lo que se demanda, intentando alterar la distribución del poder. Ambas posturas se funden en el compromiso. De la lectura del contexto surgirá un nueva manera de entenderlo para transformarlo desde la coherencia de lo diverso, concibiendo nuevos espacios democráticos donde el encuentro y el acuerdo se den en la contemporánea coexistencia con el otro.
Publicado por: Alberto GorbattIngrese un comentario para este artículo
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