Concurso de la Sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero. Roa. Burgos, España.
“Sólo la interpretación permite establecer la proximidad con las cosas; la interpretación abre el amplio espacio de su conocimiento. El acercamiento a lo real sólo puede producirse a través de la interpretación, como primer acto del conocimiento.”
(Jean Granier, Art et Veritè, La nuit surveillèe Paris 1997)









La interpretación, en cuanto suma búsqueda, da cabida al anhelo de conocimiento que sostiene toda expresión artística, y la arquitectura, en cuánto práctica artística, únicamente puede expresarse como interpretación y lo real es su espacio de conocimiento.
El proyecto presentado, pues, se funda sencilla y rotundamente como una singular interpetación de la realidad de su espacio. Aspira a ofrecer la diferencia donde albergar las cosas que componen sus proximidades: la ciudad, el paisaje, y las atmósferas, hacia las cuáles pueda, como un espejo, devolverles el reflejo.
El lugar ha sido tallado por la ciudad y el paisaje, y el proyecto, sencillamente, interpreta esta condición, dibujando las trazas esenciales donde pueda aparecer la diferencia que nos apoxime a entender las cosas.
Así pues, el edificio puede entenderse como una singularización de su entorno, como elemento de transición entre el paisaje urbano en el que se inserta y el paisaje natural al que se enfrenta, interpretando ambos paisajes como elementos identitarios del lugar. En éstas tensiones se mueve el edificio, adaptándose y dando forma arquitectónica a los significantes que sintetizan lo urbano y el paisaje condensándolos en un edificio que explique su condición de estar entre distintas realidades.
El proyecto empieza proporcionando una conclusión material a la pieza existente dejando claro la necesidad de definir un elemento concluso a la vez que expresa la desconexión temporal de la nueva pieza. Este elemento se configura como un elemento dependiente, sigue las pautas del elemento antiguo, y declara la imposibilidad de una redefinición auténtica de las trazas históricas.
Desde este elemento atento a la recomposición del contexto a pequeña escala del paisaje urbano, el proyecto coge independencia y se mueve hacia la gran escala, hacia el paisaje lejano, definiendo un elemento independiente capaz de enfrentarse a la distancia. Un elemento emergente que proporciona una continuidad arquetípica con el contexto, con sus elementos icónicos y que establece un diálogo con el horizonte de la meseta y la monumentalidad del paisaje, identificándose como un monolito atemporal.
La materialización del proyecto, en su totalidad revestido con piedra de la zona, es entendida como una intensificación del carácter del lugar, permitiendo componer una ulterior evocación sensorial del paisaje. El tratamiento de la las aberturas, permitirá sugerir y abrir el espacio de la diferencia, situando el proyecto en su condición radicalmente contemporánea.
En el umbral de lo urbano surge el proyecto y allí el edificio acoge el paisaje y se mueve hacia el, asumiendo la condición esencial de toda arquitectura: el gravitar entre sus terrenales necesidades y su habitar en el perenne navegar hacia lo lejano.





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