El municipio de Muskiz está dominado por la presencia de una gran refinería visible desde la autopista de Bilbao a Santander. Se convocó un concurso para la construcción de un pequeño conjunto que reuniera usos privados (oficinas, bares y comercios) con usos públicos (un pequeño Auditorio y una Casa de la Juventud).

















El proyecto pretende unir y hacer de transición entre dos zonas de diferente carácter: una urbana de densidad elevada y otra rural y dispersa donde se encuentran el Ayuntamiento y la Iglesia. El auditorio se encuentra al oeste del conjunto, contenido en un volumen exento y prismático, relacionándose directamente con estos últimos.
En el otro extremo, el conjunto se quiebra y desciende para adecuarse en escala y trazado a las viviendas y el tejido urbano inmediato, formando un patio en torno al cual se organiza la casa de la juventud.
Un zócalo de ladrillo negro encinta y da unidad a las fachadas de la plaza del conjunto. El resto de fachadas se resuelven con paneles de hormigón blanco que en el Auditorio se interrumpen para abrir un gran vestíbulo de cristal a la plaza. El panel se estría manualmente en su fabricación, consiguiéndose que ningún panel sea exactamente igual a los otros. La textura creada con pequeños movimientos e imperfecciones dota de carácter propio a cada una de las fachadas.









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