El edificio, planteado de hecho como ampliación de un edificio universitario mayor preexistente, se sitúa cerca de un pequeño bosque de pinos, único resto del paisaje vegetal anterior a la construcción del Campus universitario de Montilivi en Girona.
















Aprovechando el desnivel del terreno, se planteó la fachada hacia este bosque como una tapia de hormigón, casi muda, que preservara el silencio y la tranquilidad de los árboles. Las aulas y el edificio en general se abren en dirección contraria, hacia los demás edificios universitarios; y dado que se trata de un edificio pseudoindustrial dentro de un ámbito académico, se formula una imagen de hormigón y vidrio. Entre recursos sobrios y humildes, las propiedades del vidrio -brillo, translucencia, reflexión- son las encargadas de definir y cualificar la imagen del nuevo volumen.
Únicamente una de las aulas destaca respecto a las demás: se trata del taller de producción vegetal (un invernadero) que se sitúa como cabeza del edificio en el extremo superior del solar y preside el resto de la construcción.
La cubierta, probablemente la fachada de mayor importancia, se organiza a través de un ritmo de lucernarios que iluminan las aulas. De noche los mismos lucernarios iluminan, levemente, el bosque.




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