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OPINIÓN / SATURIO

La vieja cancha   

Entre las cosas en las que parece haber consenso universalmente hablando es en que no hay efecto sin causa; sin embargo, en algunos casos el espectro de dicha frase y lo mejor de su contenido que lo es todo, parece quedar sin piso en algunas situaciones de la vida quibdoseña. Viene al caso la situación del estadio de Quibdó: La vieja cancha de la Escuela Normal, que como tal fuera reina de los escenarios en su momento, y satisfizo las necesidades futbolísticas de la capital de los chocoanos en las décadas de los sesentas y setentas; la vieja cancha que vio «volar» a Senen Mosquera; que conoció las cabriolas de «Memo» Arbelaez y permitió el lucimiento de tanto sanjuaneño bueno que desfilaba por esos tiempos, se convirtió en el estadio de la Normal; por el que desfilaron desde Higuita hasta «Didí» Valderrama, alternando con Ilton Murillo, Patricio De León, «el curvo» Ricard y tantos otros que merecieron mejor suerte; tanta como la vieja cancha que con el animo de volverla mejor estadio, recibió recursos para la ampliación de una de sus tribunas; sin que estos llegaran al servicio de la juventud chocoana como se pudo ver en el horrible adefesio en el que se convirtiera el remedo de obra que dejó sin estadio a la ciudad que a la vez se encuentra sin coliseo hace ya buen tiempo, por una situación que si bien en sus orígenes fue comprensible, dando albergue a la población desplazada, hoy no tiene el mismo sentido; no por que los hermanos expulsados de sus territorios no merezcan solidaridad; en contrario, requieren toda la que sea posible; pero no es ese el sitio mas adecuado para su albergue, ni por el bien de ellos, ni por el de la ciudadanía; amen de los vicios en que ha degenerado la permanencia de algunos en tal escenario. El derrumbe de la vetusta tribuna es indicio claro de la irregularidad en su construcción; con lo cual, solo el cemento y la varilla mal utilizada en la construcción, sufren el castigo de la demolición, a espera de una nueva construcción en premio a esa gran afición que ha demostrado serlo en momentos en que la organización futbolística se ha hecho acreedora a sus buenos servicios, colmando las graderías de la vieja cancha hasta donde aguanten. Y a todas estas, la calentura continúa en las sabanas; pues no fueron el cemento y la varilla los culpables del mayúsculo adefesio. Quienes los pusieron allí cual monumento a la desidia y la malversación de los exiguos dineros con que los presupuestos nacionales y departamentales se muestran en la región, qué responsabilidad han de asumir frente al gran desacierto?. Con tamañas evidencias no es posible una investigación de oficio?; cual es el papel de las interventorías?; donde está el viejo adagio que relaciona a quien peca por la paga y al que paga por pecar?. Si ya se hizo justicia; como en las cartas de cobro, que se ignore este mensaje. En caso contrario, además de la divina; por favor, utilicemos la humana. Cuantos eventos dejados de realizar; cuan poco estimulo para la practica de un deporte ante la ausencia de un escenario para mostrarse; cuanto espacio para el vicio. Ay Dios mío, por ahí no es la cosa. Si no se ha hace justicia en obras como esta, cuyas características y el destino de sus servicios permiten apreciar la evidencia del desafuero; en donde la inutilidad del espacio construido (si es que cabe la expresión) se erige cual monumento a la desidia y razón para el juzgamiento (injusto por generalizador) de incapaces y deshonestos para los nacidos en esta tierra; que se puede suponer de otras no tan evidentes?. Ante el juzgamiento, no vale escudarse en que en todas partes roban, o en el cacareado abandono del Gobierno Central; el que aunque evidente, no es suficiente como excusa para explicar el alto porcentaje de culpabilidad que cabe a los chocoanos en el triste saldo en rojo de la situación del departamento en el balance de la segunda parte del siglo XX.

 

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